El placer del juego y de la transformación.
Cecilia Eudave
La escritura, día con día, rompe
las barreras de lo convencional, sale del espacio privilegiado
de la hoja y se integra a un universo más plural y revelador.
Las palabras se reacomodan, establecen un vaivén lúdico
que las trasciende a un campo potencialmente más extenso:
el del movimiento. Discurso y movilidad se conjugan para ofrecernos
un registro de ruptura e iniciación. Los significados se
ensanchan, son ellos y simultáneamente otros. La palabra
se contorsiona para romper con la monotonía de la línea.
Esto parece decirnos Luz María Sánchez con su nueva
propuesta, donde renueva la continuidad del discurso, lanzándola
a un espacio poco común y desafiante: las paredes de un
museo, de una sala de exposición.
Si en un primer intento, Impresiones. La imagen del audio, la inquietud por desfazar a la palabra del espacio cerrado y convencional se manifiesta, ahora, con mayor audacia, Luz María Sánchez equipara el discurso escrito al visual, logrando rescatar la escritura como un objeto plástico. Su trabajo en esta ocasión es más intenso, pues después de recolectar voces distintas de cuatro bailarines, las reconstruye, las re-elabora, las pervierte y las propone como movimientos intrìnsecos. Los dueños de estas breves sentencias ya no podrán reconocerse. La minuciosa reconstrucción de estos discursos fragmentarios y colectivos se transforman en unidad, en síntesis del movimiento, en sonoridad conceptual.
La intervención que hace Luz María Sánchez con sus textos en Improvisación/Cuerpo no es un artificio, no es una instalación, es un propuesta clandestina que intenta integrar el placer de la lectura a un espacio donde la palabra es una imagen acompañando a otras imágenes. Es una reivindicación dirigida justamente contra la separación de la palabra de lo visual, de lo plástico. Al lanzar la escritura a un espacio mayor y colectivo, le da un carácter de socialización, la vuelve interactiva. Su interés en el lenguaje y sus posibilidades vuelven a la escritura temeraria y antisolemne, carnavalesca, porque rompe los estereotipos y los modifica mediante la agudeza y el juego.
En esta exposición, las treinta y cinco frases que Luz María Sánchez toma y recrea, en realidad, son ojos, ojos que nos miran y que miramos; son espejos, las reflejan y nos reflejan. Especulaciones de movimientos cargadas de certeza y espontaneidad, donde nos reconocemos, donde todos nos integramos. Y es así que todas estas pequeñas sentencias se unen y se hacen una sola. Son la guía que seguimos mientras observamos cómo nos seducen hasta el final del recorrido, insertando sus múltiples sentidos entre las imágenes y nosostros.
Luz María Sánchez, en esta labor, vuelve a demostrarnos que ella guarda una relación muy personal e inquietante con el lenguaje, lenguaje en alta voz, donde lo oral, lo escrito y lo visual no proponen diferencias, sino una perspectiva diferente del goce de la escritura. Habrá que detenerse a mirar, a escuchar y a leer este largo poema formado por los fragmentos de unas voces que se han integrado a la voz y a la escritura de su creadora: siempre en estado continuo de alterta, en la improvisación, en el sentido del placer donde existe juego y transformación.